Al kirchnerismo se le va la vida en las elecciones de 2011. Y los empresarios tucumanos lo percibieron el martes, cuando Aníbal Fernández, el jefe de gabinete de la Nación, les prometió soluciones para históricos problemas, que tiene a maltraer el presente industrial, con una visión de futuro. Los industriales azucareros quieren certezas de que los créditos prometidos en el marco del Plan de Reconversión Industrial (PRI) serán de pronto cumplimiento. "Todo esto debe estar listo en la zafra de 2011", espetó un importante referente azucarero en la reunión efectuada en la Casa Rosada. "No hay apuro, amigo, porque luego (de las elecciones) seguirán hablando conmigo", le contestó el más contestatario de los ministros que tiene Cristina Fernández.
El kirchnerismo trata de exteriorizar el optimismo que las encuestas, que ellos mismos encargan, no les transmiten. Una sensación de suspenso, más que de miedo, sobre lo que puede pasar durante las elecciones del año que se avecinan. Pero en reuniones, como las del martes con los industriales tucumanos, insisten en que todo va como se planea en la Rosada: hacia el triunfo holgado en las urnas. Hay cierto reconocimiento del sector privado hacia las políticas que se promueven en el corazón del poder. Lo reconoció, puertas adentro del encuentro ambiental, un ejecutivo tucumano. Lanzó loas a la gestión (tanto nacional como provincial), pero dejó muy claro de que no es kirchnerista. "Usted se lo pierde; no sé que más puedo hacer por usted", fue la respuesta de Aníbal Fernández al incómodo industrial.
Al sector privado le inquietan los sonidos de la belicosidad, esos que ahuyentan inversores. Esos que ganan la calle por la fuerza misma, arengando que un poder del Estado debe avanzar hacia el otro. Inseguridad jurídica, desde el lenguaje empresario. La economía no tiene ideologías, dicen algunos. La plata del Estado tampoco. Cuando se acaba, los apoyos políticos se disipan. No hay fanatismo, sino supervivencia. Y así se escribe el guión de la película de 2011 que no será del género del terror o del miedo, como lo tildó el gobernador José Alperovich al hablar de un país sin Kirchner, sino un film de suspenso.
El reino será kirchnerista mientras no aparezcan contrincantes. Pero los sondeos de distintas vertientes vislumbran que la corona está en peligro y que Néstor Kirchner, en su aspiración por volver a la Presidencia, encuentra una intención de votos de entre el 28% al 31%, pese a que la actual gestión ha mejorado su imagen. En otros tiempos, eso hubiera significado la condena a quedarse en primera vuelta. Pero ni Julio Cobos, ni Ricardo Alfonsín aún han mostrado fortalezas suficientes, por caso, para pelearle la elección. El candidato opositor puede surgir desde el propio PJ. Y muchos observan a Daniel Scioli con cierta desconfianza. Su discurso está golpeando solapadamente al kirchnerismo. Si naufraga el barco K, a Alperovich lo encontrará arriba de un bote salvavidas, inflado por un presupuesto que en 2011 puede superar los $ 9.000 millones. Desde esa posición seguramente puede mirar esta película de suspenso que interpretan todos los argentinos.